Crónica de un viaje en BlaBlaCar

 

Son cerca de las 18:30, un sudoroso Lorenzo nos saluda en la capital del reino y deambulo perdido entre taxis por los alrededores de la estación de Atocha. En esas estoy cuando recibo un mensaje de texto.

“Estoy ya, junto a donde pone llegadas con el tejado rojo. PAZ, AMOR y FELICIDAD”

Si no fuese porque no era el primer mensaje que recibía de ese estilo, pensaría que se trataba de un hippie colgado; pero a esas alturas lo único que ansiaba era encontrar el coche donde poder dejar la mochila. Le vuelvo a llamar porque no le encuentro en el primer rodeo y finalmente le veo, estatura media, delgado, gafas de sol y junto a él un SEAT negro con el maletero lleno. Lo primero que pienso… ¿Cómo vamos a meter ahí nuestras mochilas?

El primer contacto me hace adivinar que va a ser un viaje intenso, me mantengo callado esperando que dirija la conversación, algo que hace sin miramientos. En apenas 5 minutos sé que estamos esperando a más gente pero que le preocupaba la situación de aparcar ahí porque los taxistas se quejaban a menudo y la policía andaba dando vueltas. Mete mi mochila con un movimiento maestro entre las cosas del maletero y empieza a divagar sobre cómo hacer tetris con el resto de los paquetes. Le da tiempo a hacerse un cigarrillo.

Maider entra en escena y mientras despachamos un amable municipal nos invita mover el coche, entramos en el vehículo y tratamos de salir a la vez que llamamos al cuarto integrante. Harto difícil ya que él también está perdido y los taxistas han comenzado la revolución de los claxons y los gritos, el ruido era absolutamente insoportable, consigo hablar con el chico:

“Llevo pantalones cortos, camiseta blanca y zapatillas verdes” – ¡Vale! (le digo)

Mientras intentamos escapar del atasco, el conductor, cacereño de nacimiento afincado en Madrid, suelta la primera de las muchas bromas que haría durante el trayecto:

  • La próxima vez quedamos vestidos de Teletubbi, sería divertido un coche con pinky winky y compañía y así nos reconoceríamos en seguida – Me parto la caja, este tío me cae bien.

Como es totalmente imposible movernos, salgo del coche a la búsqueda del otro acompañante, veo a uno que encaja con la descripción y me responde con gestos y alguna mueca, tardo unos segundos en darme cuenta que es sordomudo y me vuelvo corriendo al coche. Finalmente le llamamos de nuevo y conseguimos encontrarle mientras hacemos gestos de molino por la ventana. En una maniobra propia del equipo A entra en el vehículo y guardamos su equipaje. Estamos dentro. Me gusta el trabajo en equipo.

A partir de ese momento comienza el verdadero viaje, nuestro conductor tenía la insignia de “BlaBlaBla” en su perfil. Para aquellos que no estéis puestos en el argot de eso que se llama car sharing,quiere decir que le gusta hablar, lo demostró desde el primer momento.

Según salíamos de Madrid se me ocurrió comentar la idea de que quería comprarme un coche, ahora sé que lo que quiero es un turbodiésel, del 2001 o 2003, con arranque para las cuestas y a ser posible de la marca SEAT que al parecer relación calidad – precio salen muy bien. Además me pasó el nombre de una app por la que podía encontrar a particulares vendiendo en mi zona y negociar los precios.

Después de aquella primera conversación y haber criticado a ROCK FM por haber sido absorbidos por la Cope y la poca variedad que ponían en la emisora, decido dormir un poco. Aviso de antemano porque iba de copiloto y me parecía un poco irrespetuoso, pero a nuestro capitán parece no importarle demasiado, el sol se comenzaba a meter por las montañas rumbo al sur y me estaba entrando algo de modorra. Caigo rendido.

gafas

Despierto agitado un rato después por Devil came to me, el hit de los madrileños Dover. La conversación, como os podéis imaginar, es automática: ya no son lo que eran. Eso dio pie a una extensa charla sobre Barricada, Los Suaves, Extremoduro, Boikot, Marea… aliñado con una nutrida discografía presente en el vehículo que desvariaría hasta Paco de Lucía, El Barrio, Def con Dos, Benito Kamelas o Antonio Carmona… llegando al punto álgido cuando todos los allí presentes en la oscuridad de la noche cantamos Desesperado de Antonio Banderas.

La primera parada del viaje la realizamos a punto de cerrar el sol, en una estación de servicio de la provincia extremeña de Cáceres. Maider y yo nos vamos directos a la barra para pedir sendos bocadillos de embutido y aprovechamos para ir al servicio. En aquel paraje desamparado más propio de una película western, parlamentamos entre dos coches sobre el origen de las cosas, aunque yo estoy más pendiente de mi bocadillo. Uno de los allí presentes ofrece un sospechoso cigarro del que preferimos pasar por el momento y por fin, el otro acompañante se decide a honrarnos con su voz. Explica que estaba agotado de trabajar en Madrid y se fue a Canadá recientemente, donde estuvo trabajando como seguridad de un museo. Hace hincapié en el frío que pasó allí, lo que Maider aprovecha para explicar que en los países nórdicos (entiendo que por el frío) hay una elevada tasa de suicidios. Esto último me hace pensar que Maider a veces tiene un punto muy oscuro.

El conductor, que parecía se había quedado fuera de la conversación, vuelve con fuerza para explicar que su teléfono móvil (pese a ser un Samsung de última generación) venía por defecto con el teclado antiguo, aquel en el que si querías escribir la C tenías que pulsar tres veces el uno, con la última actualización se le había cambiado esta configuración y estaba teniendo serios problemas para comunicarse. Le explico que posiblemente pueda volverse a bajar el teclado antiguo si realmente es eso lo que desea.

A veces en los viajes de BlaBlaCar  la política hace acto de presencia, suele ser un momento complicado ya que los perfiles en este tipo de trayectos son muy diversos y nadie quiere pasar un rato incómodo. Cuando salió el tema en la parada todos hicimos un pequeño movimiento de avance hacia el coche y nuestro conductor se quedó explicando que “se lo habían cargado todo” supongo a quien se refería pero nadie entró demasiado en el tema.

Seguimos rumbo a nuestro destino, ya más tranquilos, se notaba que la noche estaba cerca y nos habíamos dado cuenta que nuestro conductor era igual de feliz hablando con los otros coches que con nosotros, lo que dio lugar a numerosos monólogos con “Audi”, “Mercedes” y demás vehículos que se nos cruzaban y nos adelantaban o nosotros les adelantábamos. La noche había empezado. El capitán aprovechó para contarnos diversas aventuras de sus múltiples horas en la carretera lo que le daba un aire muy Kerouac a la historia.

La segunda parada fue más relajada, mientras Maider y el otro acompañante charlaban sobre videojuegos en una Tablet, yo aprovechaba para hacer una de mis imitaciones de Bricomania (algún día subiré un video). Finalmente pusimos el rumbo final.

gasolinera

En el último tramo el conductor me pasó un porta cedés de gatitos, la verdad es que me sorprendió bastante.  Escoge uno – Me dijo. Entre todos me quedé con uno que ponía Ska-p, Extremoduro, La Polla  –Sabía que ibas a tirar por aquí – me quedé sonriendo.

Entramos en la ciudad en la ciudad del Guadalquivir cantando a gritos Cannabis y Romero el madero, se avecinaba un intenso fin de semana.

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