Historia de una República

Cuando era pequeño, en torno a los 10 años, me encantaba pasar las tardes viendo documentales de la Guerra Civil con mi madre. De hecho, aún recuerdo aquella serie-documental de 6 episodios que comenzaba con el ¡Ay, Carmela! Y el Cara al Sol como sintonías de apertura. Pude haber visto aquellos DVD’s tantas veces como tardes ociosas tuve en aquella época (probablemente más que ahora, ya que aunque parezca mentira, en mi época de educación primaria los niños aún teníamos tiempo para hacer algo más que tareas).

A pesar de ser sólo un crío, y de que en aquellos documentales sólo se contase parcialmente la verdad, la Guerra Civil despertó en mí una curiosidad que a día de hoy sigue persiguiéndome. Poco a poco, comencé a utilizar los ordenadores del colegio para poder buscar información acerca de qué, cómo y dónde se sucedieron los principales acontecimientos de la contienda. Los resultados electorales en Barcelona o Madrid; la operación del Dragon Rapide, la sublevación “nacional”; la ofensiva del Ebro; la batalla de Belchite; Guernica….  

Sin embargo, uno de los acontecimientos que más me llamó –y todavía me sigue llamando- fue la proclamación de la II República española. No lo entendía. ¿Qué era una república? ¿Por qué tenían una bandera tan extraña? ¿Cómo consiguieron echar a los reyes de la noche a la mañana? ¿Quién era la Pasionaria, o la Quinta Brigada de las que tanto hablaban en las canciones?

Hoy, 85 años después de aquel momento que cambiaría España y, si me permiten, el mundo entero, yo, Agustín, creo conveniente y justo dedicar al menos unas líneas a una etapa de nuestra historia tan avanzada en ideas como convulsa en contexto.

La fiesta republicana

Tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, y el consiguiente “triunfo” de los partidos republicanos (vencieron en las ciudades y capitales de provincia, no así en municipios más rurales sumidos en el caciquismo propio de aquella época), comienza una fiesta cuyos preparativos y celebración, arrastrarían una resaca tan catastrófica como insalvable en una España tan dividida como la de aquel entonces. Sin embargo, ocurrió. Por una vez el pueblo vencía, comenzaba una nueva etapa que se hizo un hueco en la historia nacional por la alegría de la muchedumbre, que saltó a la calle dispuesta a crear un nuevo estado basado en las ya conocidas reglas revolucionarias: igualdad, libertad y fraternidad. La República se erigió como la nueva manera de entender un país, una manera de ser como nación; en definitiva, nació en el seno de aquella necesidad democrática que pretendía hacer, del nuestro, un estado puntero en Europa.

Proclamación Segunda República en Puerta Sol, 1931

Proclamación Segunda República en Puerta Sol, Madrid, a 14 de abril de 1931

El nuevo gobierno se instaura como provisional, proclama el nuevo régimen político, y comienzan los cambios. El pueblo deja de ser un ente, una masa, para convertirse en un todo compuesto por una gran multitud de ideas y pareceres. Los primeros pasos de nuestra protagonista, fueron decididos: se necesitaba un estado firme y sólido, pero que a su vez diera prioridad a los menos favorecidos, generando empleo, promocionando libertades cercanas a las contemporáneas y reformando aquellos sectores más atrasados y menos eficientes. Las reformas agraria y educativa, el voto femenino, la libertad religiosa y de asociación; fueron sueños que buscaron tornarse reales  para un pueblo destinado a recuperar aquella grandeza de tiempos eméritos.

Peter Pan

Como si de aquel personaje de fantasía se tratase, la recién nacida “República democrática de trabajadores de todas clases” se empeñó en no crecer. La implantación de las reformas educativa, agraria, laboral y militar del bienio progresista, no terminó de cuajar en el sector más conservador de la sociedad. Los enfrentamientos entre quienes abogaban por el cambio y quienes mantenían su talante conservador se iniciaron para no acabar hasta 1939. Entre todos estos sucesos, cabe destacar el constante choque protagonizado por los dos titanes del momento: el gobierno y la iglesia. Todos conocemos la sentencia emitida por el aquel entonces presidente del gobierno Manuel Azaña: “Todos los conventos e iglesias de Madrid no valen la vida de un republicano”. Una lástima que, en los momentos en los que más se necesita, los principales actores de la sociedad decidan no ponerse de acuerdo en beneficio del pueblo (¿les suena de algo?).

Con la llegada del bienio radical-cedista, se echó por tierra todo lo anterior, procurando reestructurar la situación de una manera más o menos polémica. La tensión se mascaba en el ambiente. El continuo juego de polarización del eje izquierda-derecha se tornaba complicado, dando lugar a la revolución de octubre de 1934; revolución reprimida con una brutalidad propia de quienes, posteriormente, decidirían masacrar a sus hermanos de patria en una guerra tan estúpida como innecesaria (al fin y al cabo, como todas las guerras). El fin de Lerroux -y su proyecto de re-estructuración- se precipitó con el caso “Estraperlo”, que llevó la crispación social a niveles desorbitados, provocando la caída del gobierno y la celebración de nuevos comicios.

Con las nuevas elecciones, llegó la última etapa de “paz” en nuestra España hasta hace prácticamente poco. El Frente Popular, nombre que adoptó el gobierno conformado exclusivamente por la izquierda, se volvió débil e inestable, lo que sumado a las continuas confrontaciones entre los distintos actores políticos, llevó al levantamiento nacional de los generales menos pacientes y más afines a los movimientos fascistas que proliferaban en la Europa de los años 30. El resto, como ustedes saben, es historia; historia que no seré yo –al menos hoy- quien se encargue de remover.

Ni los buenos son tan buenos; ni los malos, tan malos.

La conclusión, tan objetiva como propia, es sin duda que la II República española fue un momento de nuestra historia tan brillante en sus ideas iniciales, como complicado por su contexto contemporáneo y fallido en su toma de decisiones. El auge del fascismo, la consolidación del bloque comunista, y los constantes enfrentamientos entre estos y las principales democracias europeas, propiciaron la caída de una etapa que pudo ser, y finalmente no fue.

Sin embargo, quedarse únicamente con ello, sería casi tan inútil como cobarde. No se pueden olvidar multitud de hechos, situaciones y actitudes que hicieron de la República un momento especial. Los avances en materia cultural y educativa; que buscaron en todo momento el fin del analfabetismo en una España rural; la cantidad de intelectuales, escritores, profesionales y en definitiva personalidades que dieron alas a la democracia; los constantes intentos por parte de algunas personas que buscaron en todo momento el bien social… son motivos para certificar que la República, a pesar de tornarse fallida, también fue un momento de ilusión y ganas en la búsqueda de una verdadera democracia, que no alcanzaríamos hasta los años 80.

85 años después de aquel 14 de abril, sólo me queda conmemorar y rendir homenaje a aquellas mujeres y aquellos hombres que dieron un salto al vacío, arriesgando y apostando todo lo que tenían con el fin de realizar la utopía en un país. Si bien es cierto que hubo quienes actuaron mal, sería completamente injusto quedarse únicamente con las consecuencias de sus actos; ya que en todas partes hay gente buena y gente menos buena; la clave de todo esto, lo importante, es reconocer este momento de nuestra historia, analizar los fallos que cometimos en su día, y buscar que, en el futuro, nuestro estado no vuelva a caer en los mismos errores que, 85 años atrás, desembocaron en la creación de las dos Españas.

Por la república, o por la monarquía; brindemos. Pero sobretodo, brindemos por aquello que siempre busque el beneficio social, el progreso y la igualdad en la gente. Brindemos porque a día de hoy, aún quedan mujeres y hombres buenos que sólo buscan una cosa: el amor al prójimo como motor para mover el mundo.

Celebración-de-la-proclamación-de-la-República.-Madrid.-Foto-Alfonso-AGA.jpg

Si quieres leer más artículos como este echa  un vistazo a las categorías de contenido, si te gusta escribir y querrías hacerlo para empresas, únete a Temperance Writers. Por último, si lo que necesitas es contenido sobre este u otros temas para tu marca, contacta con un redactor de contenidos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *