#TemperanceSummer – LA CENA

Miguel estaba exhausto después de una larga cena con viejos amigos en una casa que había alquilado para celebrar su reciente contratación en una importante empresa. Estaban saliendo los invitados y sólo había coches para unos pocos. Los últimos tres volverían andando o en TAXI. Se habían quedado rezagados exactamente los que esperaba. Ivan, su viejo compañero de las salas de apuestas, que había venido con su nueva novia, la que no hablaba muy bien el idioma. Y Carlos, a quien había conocido un día en una fiesta y desde entonces se habían unido como dos hermanos. Era más joven que él pero admiraba su capacidad de escucha y asombro ante las cosas más cotidianas de la vida.

Decidieron servir una última copa, cuando llegó a la cocina encontró a su viejo amigo de las apuestas y la chica hablando en voz baja, como si estuviesen discutiendo de algo. Al llegar él, se pusieron tensos y mantuvieron durante un espacio de tiempo la discusión con gestos y con la mirada. Ella se había comportado raro desde el principio y a decir verdad, él nunca hubiese invitado a esa chica a ningún sitio. Su amigo parecía realmente encendido por dentro. Le había visto así en alguna ocasión cuando una jugada salía mal. Siempre miraba hacia abajo y abría mucho los ojos cuando por fin te miraba a la cara, era como si dijese – Quiero que veas lo roja que puede volver la ira contenida los globos oculares.

A decir verdad, verle así no le tranquilizó mucho y pensó por un momento en echarles pero reconsideró su hospitalidad. Tenía sueño, no le apetecía mucho una fiesta a esas horas y por cómo conocía a los otros dos sabía que eran capaces de amanecer en su sofá después de una absurda tertulia. Pensó que whisky con mucha coca cola le espabilaría un poco para organizar la despedida.

La pareja dejó la conversación y en silencio se sirvieron una copa. Ella empezó a mirarle y tras tres segundos sin quitarle ojo sonrío de manera tan extraña que un escalofrío le recorrió el cuerpo. Definitivamente había bebido demasiado y no quería más invitados, se sentó junto a su nuevo compañero de trabajo y esperó a dejarle terminar la bebida. Cuando se sentaron los otros dos en la mesa se generó un extraño silencio. La chica no paraba de mirarle. ¿Qué cojones quería esa niñata y por qué no se comportaba de manera civilizada? Había roto ya una copa y le había pillado husmeando por la terraza entre los jarrones. Lo menos que podía tener era educación.

Su nuevo compañero de trabajo estaba especialmente callado, se le veía bastante afectado por la tontera clásica de una fiesta de verano desde pronto. Pensó en ofrecerle quedarse a dormir y así enviar a la pareja en un TAXI que estaba dispuesto a pagar, cualquier cosa con tal de que se largasen.

Su viejo amigo, aún con los ojos inyectados en sangre le preguntó algo:

  • Iván: Miguel… ¿Tú qué crees que compone un hombre?
  • Miguel: ¿Cómo?
  • Ivan: Si Miguel, cuáles son para ti los valores que componen un hombre. Un hombre hecho y derecho.

Todo era demasiado extraño, su amigo parecía que hubiese consumido algo y ella no paraba de mirarle fijamente. ¿A qué venía esa pregunta? ¿No podía limitarse a entretener a su acompañante y dejar de dar el coñazo? Realmente deseaba que se fuesen y no quería parecer descortés. Contestó a la pregunta.

  • No se tío… ¿Supongo que defender a los suyos?
  • ¡Muy importante! Desde luego… defender a los propios es una tarea digna de un hombre de provecho. ¡Pero no la más importante!

Miguel se empezaba a notar molesto con el acertijo, su compañero estaba prácticamente dormido y la chica empezó a gesticular con la barbilla. Seguía mirándole, tanto que levantó las cejas en clara expresión de hartazgo. Ella aguantó un poco más y finalmente bajó la mirada.

Se volvió a crear el silencio.

  • Miguel: Supongo Iván que nos vas a decir lo que un hombre hecho y derecho debe tener en la vida, ¿Verdad?
  • Iván: ¡Oh! Sí… ¡claro que te lo voy a decir Miguel, El mayor valor que un hombre hecho y derecho debe tener es ¡BUSCAR LA JUSTICIA! ¿No estás de acuerdo Miguel? BUSCAR LA JUSTICIA.

En ese mismo instante sintió un escalofrío, los ojos sólo eran la señal de haber estado aguantando toda la noche y estar a punto de perder una buena cantidad de dinero. Eran los mismos ojos que en las grandes derrotas. En las noches de mucha tristeza.

Esa chica que acababa de conocer y que había dejado entrar en su casa era la hija de Leiva, un viejo banquero quién murió en una mala noche de fiesta. La niña nunca lo superó y desde entonces era sabido que buscaba alguien a quién  culpar de su desgracia a base de obtener algún tipo de compensación económica o enviarle a prisión. Era una de esas chicas con mucho dinero y capaces de hacer cualquier cosa. Nada de rencor, nada de sentimientos, nada de nada. Y mucho dinero.

Ivan le conocía bien… una fiesta era el típico sitio donde su ego podría revelarse gracias al alcohol y terminar contando más de la cuenta. Lo suficiente para que esa niña rica comenzase su particular investigación privada que le colocase en el lugar de los hechos aquella noche. Joder… siempre le había perseguido el temor de aquello. Ivan y Miguel dejaron de verse tras aquel incidente y sabía que Ivan era capaz de cualquier cosa con tal de tener una buena suma de dinero para invertir ¡Sólo había que atar cabos! ¡Era obvio que no se iba a dar cuenta! Se aisló del mundo para evitar contacto con nada que tuviese que ver con aquella vida y jamás había visto la cara de la hija de Leiva. ¡Joder! ¡Si hasta se parecía!

Se dio cuenta que no podría librarse de aquel tormento. Les había dejado entrar hasta su casa, eran capaces de cualquier cosa y ahora estaba a solas con un amigo dormido, la hija de Leiva y su viejo compañero de apuestas en medio de una colina. Ella no dejaba de mirarle y por un momento sintió como si se le escapase la cena por la boca, notó que sudaba y decidió ir al baño a tomar un poco de aire.

  • No me encuentro muy bien…- dijo Miguel.

Fue al baño de la casa. Se quedó mirándose en el espejo. ¿Cuánto le habría contado? ¿Cuánto le estarían pagando? ¿Qué habían dicho los demás?…  de todas formas…  ¡Tampoco fue su culpa! ¡Todos tenían algo que ver! Es verdad que el conducía pero… ¡También es verdad que fue el único que se atrevió a hacerlo! Joder… ¿Cómo podía Ivan hacerle esto después de tanto tiempo? Tenía que terminar con toda esta historia, él ahora estaba haciendo las cosas bien, se había comprado un coche, pagaba su seguro todos los meses y salía con una chica a la que tenía que satisfacer en su totalidad. Por lo que no le quedaba tiempo para otras historias. Era un hombre modelo… ¿Por qué no podía aquella familia olvidar aquello? Después de todo… ellos tenían dinero. La penas siempre son menos penas con dinero.

Sabía de sobra que eso era imposible, las familias de los amigos acaban siendo la propia familia. Y la de Leiva había sido especialmente generosa patrocinando las apuestas porque casi siempre ganaban. Les gustaba llevarse un porcentaje de sus emocionantes juegos de números, hace ya 10 años, desde entonces la chica buscaba responsables de la muerte de su padre y cuando se decidió a pagar se rumoreaba que alguien había hablado. ¿Era la pieza que le faltaba? Por dios… La investigación se cerró hace 5 años… En aquellos tiempos eran felices, de vez en cuando venían Leiva y otros patrocinadores a celebrar grandes jornadas en las que todos ganaban mucho dinero. Eran un equipo. Pero todo se acabó.

Decidió que acostaría a su amigo y mataría a los otros acompañantes. La única forma de acabar con esta historia sería simular que entre la pareja había habido algún tipo de discusión, que una cosa había llevado a la otra y que se había terminado matando. Utilizaría el cuchillo que lucía tan brillante pegado a esa tira imantada en la impoluta cocina. Primero le acuchillaría a ella y después cuando intentase huir su viejo camarada, sin que le diese tiempo a levantarse, le rebanaría el pescuezo.

Después de eso sólo tenía llamar a la policía y decir que aunque les vio discutir durante la cena en ningún momento pensó que llegarían a semejante punto. Iván era inestable, mucho. También bebía demasiado y tenía problemas de dinero. Era perfecto. Cuando le preguntasen sobre si conocía la identidad de la fallecida sólo reconocería saber que era la novia y que… le había parecido un poco rara durante la cena. Después de todo… esa era la verdad.

Añadiría que por extraño que pareciese, él era quién había alquilado el piso, lo que suponía un marrón añadido ya que perdía la fianza, obviamente. Y se mostraría tremendamente ansioso.

Miguel no lo pensó más, cogió el cuchillo, enfiló el camino y cuatro segundos después lo incrustaba en el hombro de la chica, que comenzó a chillar de manera histérica y se lanzó al suelo. Iván, con el rostro desencajado cómo quien ve al demonio, también empezó a gritar. Apartó a Miguel de un empujón y se angustió al coger su cabeza con el arte de quién sabe que el amor de su vida ha sido acuchillado.

Nunca más volvieron a ser amigos.

FIN

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