El triatlón de Pálmaces, vivir para contarlo.

Dice la leyenda que en sus veintitres ediciones han pasado por allí grandes olímpicos, de ambos sexos. Cuentan que un triatleta quedó tan enamorado de la belleza del lugar y el espíritu de sus gentes que se trasladó allí con toda su familia. Anuncian que las noches de luna llena el pantano brilla con una energía especial. Bienvenidos a Pálmacés de Jadraque.

Nos ponemos la máscara de Hunther S. Thompson para viajar por la castilla rural y descubrir un evento deportivo de magnitudes épicas, el triatlón de Pálmaces.  Abandonamos la urbe para descubrir cómo se organiza esta prueba deportiva que tiene lugar en la serranía de Guadalajara y que, año tras año, reúne a la crema y nata del alto rendimiento deportivo.

Más de 200 triatletas se apuntan en minutos (las plazas se agotan el primer día, a Pálmaces sólo van los más rápidos) Una ocasión que engalana el pueblo y le supone una importante inyección económica y moral. Un ejemplo de cómo el deporte puede ser una alternativa rentable para muchas zonas rurales de nuestra geografía.

En esas estoy cuando Macario, el perro adoptado por los vecinos y cuyo origen no está claro, aparece a saludarnos. Hemos llegado a la plaza y se ve ambiente en el único bar del pueblo, situado en el mismo edificio que el despacho municipal y el consultorio médico. Un enorme cartel de bombillas anuncia el evento del día siguiente y alrededor del frontón veo apiladas cajas y otra serie de elementos de construcción. La luna está fuerte y el pantano brilla bastante, él también está de gala, como si supiese que mañana es un día importante.

A nuestra llegada al ayuntamiento encontramos a Modesto,  un visiblemente cansado alcalde que a sus 72 años y desde una mesa llena de papeles, reorganiza grupos de personas en un folio. A su lado se encuentra Ramón, el teniente de alcalde y principal organizador del evento. Además de propietario del bar. Los vecinos de Pálmaces son como navajas suizas, saben hacer casi de todo.

De vez en cuando, cuadrillas de chavales pasan para ofrecerse a ayudar. Madres, abuelos y foráneos estamos allí. Amontonados en el pequeño despacho municipal y hablando de cajas de botellas mientras Modesto y Ramón tratan de cuadrar una tabla en la que se puede leer “VOLUNTARIOS”

Nos despedimos de allí dejando al pueblo en la faena, presiento que me va a ser complicado estar en todas partes. Recuerdo a Jonnhy Deep en Miedo y Asco en Las Vegas y me pillo una cerveza con los lugareños, mañana será un día duro.

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Modesto, el alcalde, organizando el equipo entre los vecinos.

A la mañana siguiente, una emocionada vecina reparte petos amarillos entre los diferentes personajes que se van dejando caer por el ayuntamiento, dando los últimos consejos. Empiezo a notarme ansioso por el comienzo de la prueba, miro por la ventana y observo cómo los chicos del pueblo se organizan en motos y vehículos todo terreno para irse colocando en sus posiciones, nadie se va a comer sin saber cuál es su función esa tarde… ya sea ir en la ambulancia, dirigir el tráfico o como es mi caso, vivir la experiencia para contarla.

Suzuki, Barco y Paseo. Mi triatlón particular.

Tras una comida con algunas autoridades locales, que dura hasta el café. Los diferentes vecinos comienzan a agruparse en las puertas de algunas casas. Esa media hora es crucial, motos, bicicletas y gente con piraguas se cruzan por las estrechas calles junto a los recién llegados triatletas que se pasean en neopreno. Parece que han abierto un Decathlon en el pueblo.

Necesitaba fotografías para el artículo así que pregunté a los locales, me montaron en un Suzuki de aspecto mejorable que a base de caóticos saltos por caminos de tierra logró llevarnos hacia la zona de salida. Me siento VIP. Comienzo mi paseo por lo que se conoce como “Los domingueros” un área de arena y piedras donde se instalan, efectivamente, los domingueros. Allí me encuentro a los triatletas.

Equipos enteros y llaneros solitarios se amontonan en las inmediaciones de la salida. Algunos corren, otros estiran. Ellas más calladas, ellos más ruidosos, con selfies de salida incluidos. El speaker, habitual del evento, recuerda algunas normas básicas y en qué consisten las penalizaciones por la megafonía. Los familiares de los triatletas también están nerviosos. Empiezan con 1800 metros a nado.

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En esas ando cuando Roberto,  vecino del pueblo, se ofrece a llevarme en su lancha junto a otro cámara. A veces tengo suerte. En breves minutos se produce el pistoletazo de salida.

Ya en el pantano y desde una distancia de seguridad pude tirar buenas fotos. Había que mantener algo de distancia porque el carburante podía afectar a los nadadores, o eso afirmaba Roberto, como es triatleta supongo que sabe lo que dice.

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El acelerón de la lancha levanta el morro y me moja todos los pantalones, la cámara está bien, no hay problema. Los triatletas están atravesando el pantano. Damos un par de vueltas más entre gorros rosas y nos dejan en la orilla, el otro cámara tiene una moto esperándole, se ve que va más preparado que yo. Me quedo mirando las salidas de los primeros nadadores mientras medito qué hacer. Quedan 60 kilómetros en bici.

Decido asumir que no tendré tanta suerte como antes e iniciar el camino de vuelta al pueblo andando. Me cruzo en mi ruta con diversos grupos asentados en las aceras con todo tipo de neveras, sillas, camisetas… Me hago amigo de unos tipos que eran de un club de triatlón y habían venido a animar a otros compañeros. Ellos desde luego, estan animados. Llego a la entrada al pueblo y veo a Ramón con un peto amarillo. Tengo que sacarle una foto.

organización Palmaces

Dos escapados muy juntitos.

Mis nuevos amigos me acompañan hasta la plaza del pueblo, allí se ha instalado la meta y podré sacar al vencedor. Aprovecho para echar un vistazo por el frontón, han instalado unas cajas numeradas para que los triatletas dejen la bici y se pongan la ropa de correr. Les quedan dos viajes a la presa y volver, 12 kilómetros.

Aparecen los primeros escapados, Gustavo Rodriguez y Pablo Dapena. El primero llega algo más cansado y el segundo entra en el frontón como una flecha. Entre una cosa y la otra termina adelantando al primero y por pocos segundos sale antes a la carrera. Hay partido.

El speaker, en claro éxtasis, anuncia las llegadas de los perseguidores con cuentagotas, el tramo en bicicleta ha marcado diferencias y ya desde el pantano se veía un grupo que  disputaría la tercera plaza. Doy una vuelta por el pueblo y me encuentro con exhaustos corredores que siguen las indicaciones entre jadeos.

Nos empiezan a organizar a los fotógrafos porque en aproximadamente 5 minutos, se espera al primero. La información no es clara, pero se habla de un duelo de zapatillas en el paseo hasta la presa que esta siendo memorable. Me arrepiento por un momento de perderme esa imagen pero es demasiado tarde para moverse de allí, así que fijo posición. Los lugareños, las familias de los corredores y demás fauna se amontona en los lados de la entrada y el ruido cada vez es mayor.

El griterío se hace fuerte en la plaza de Pálmaces, allí está, entrando mientras reduce, Gustavo levanta la banda y se convierte en el vencedor del triatlón de Pálmaces 2016. Alberto, uno de los organizadores que ha estado como socorrista y ahora está organizando la llegada me comenta que uno de los nadadores ha tenido que ser recogido en barca a los 500 metros por un tirón en la pierna.

gustavo rodriguez meta triatlon palmaces

Con algunos minutos de diferencia, en segunda plaza, otro gallego hace acto de presencia, Pablo Dapena quedaría segundo tras una batalla por la primera plaza que el mismo define como “bonita”. Primeras palabras de una persona que lleva 3 horas haciendo deporte.

El ambiente empieza a caldearse y yo voy enfilando hacia el bar y las barras montadas en la plaza.

Tras conseguir el reto, toca celebrarlo.

María Jesús, una de las enfermeras locales que había estado durante la prueba en una ambulancia nos cuenta que afortunadamente todo ha salido bien y no tenemos que lamentar nada más que alguna torcedura, ampolla… y una chica que se sintió algo descompuesta tras la prueba y necesitó ser atendida. Comprensible. María Jesús se ofrece a invitar a una ronda en la barra cercana, es un día de fiesta.

triatletas-descansando-palmaces

El triatlón no termina cuando llega el último corredor. En las horas posteriores me ofrecen todo tipo de refrigerios que acepto con entusiasmo y cuando empieza a caer la noche los miembros de la organización realizan la entrega de premios en las escaleras del ayuntamiento. Algunos triatletas todavía se están duchando, los que han llegado primero llevan bebiendo desde hace un par de horas y el ambiente en la plaza se deja notar. Una cola larguísima anuncia que el servicio de comidas populares ha terminado una “caldereta” gigante y decenas de participantes junto a sus familias esperan su ración. La imagen es bastante curiosa, hombres y mujeres con cuerpos de Adonia haciendo cola ¿Afectará este plato a la dieta de los triatletas? Me pregunto.

Tanta hospitalidad me enciende el buen rollo y empiezo a interactuar con algunos vecinos. Comentan la necesidad de un plan para revitalizar la comarca, entre otras historias. Me doy una vuelta y encuentro una barra en la que se está sirviendo cerveza fría gratis. Se lo montan bien aquí.

Tras la cena, una discoteca móvil se instala en el frontón. La chica que se sintió indispuesta tras la carrera se muestra visiblemente más emocionada y conversa alegremente con otros competidores. Está mucho mejor. Me alegro por ella.

Allí seguimos un rato hasta que entrada la noche, entre canción y canción, alguien deja un jamón y varios melones en el medio de la verbena para satisfacer las necesidades nutricionales de este sufrido colectivo. Me quedo allí hasta que puedo coger algo del jamón y me piro a la cama.

Qué cansado es hacer un triatlón.

Os dejo algunas imágenes del día.

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