Guía de viaje en carretera – Nacional 634, la ruta del norte.

Algo tiene el norte, quién sabe si se trata de la personalidad de los lugareños, la meteorología tan variable que te obliga a aprovechar al límite cada rayo de sol o los colores que adornan su entorno, donde el verde es más verde y el azul es más azul.

Lanzamos una nueva sección dentro de Temperance Writers, las guías de viaje en carretera, un formato sólo para valientes y personas deseosas de algo auténtico. Un humilde homenaje al movimiento beat de los años 50, con la gastronomía y los pueblos patrios como óbice. Si tu local, pueblo o denominación de origen son únicos y quieres que aparezcan en próximas guías gastronómicas para viajeros por carretera envíanos un email y estaremos encantados de visitarte.

Guía de viaje por carretera nacional N-634

Empecemos por conocer la N-634

Si la hacemos completa, esta ruta recorre 730 kilometros desde Guipuzkoa hasta Santiago de Compostela. Gran parte de su trazado discurre paralelo a la línea de costa lo que la convierte en una carretera con unas vistas increíbles pero abundantes curvas entre montañas. Vaya por delante que viajar por carretera debe tomarse con mucho respeto, si vas por la N-634 todavía más. Hasta aquí el mensaje de la Dirección General de Tráfico.

Utilizamos esta carretera como guía de nuestro viaje, para llegar a algunas localidades utilizamos los desvíos a través de comarcales. Viajamos de Bilbao a Cangas de Onís, la comida está servida.

Bilbao, preparando el hígado.

Llegamos a Bilbao a través de la A1, ponemos el coche en BlaBlaCar y conocemos Jose Ántonio, CEO de una compañía de desarrollo y Cristina, una joven bizkaina muy sonriente. Os recomendamos compartir gastos en vuestros viajes a través de este tipo de plataformas, no sólo por el ahorro que supone sino también por la experiencia de compartir el viaje con otros fanáticos de la carretera.

Si queréis aparcar en Bilbao lo tenéis jodido, quedan espacios en algunos barrios altos y en las faldas del Pagasarri pero todo lo demás está en manos de las empresas de estacionamiento regulado. Es normal, sino Bilbao estaría llenísimo de coches, pero no deja de ser una putada si tienes que aparcar, prueba por la zona de Autonomía/Rekalde/Olabeaga… quedan algunos escondites secretos todavía, preguntad a los locales.

Hacemos el hamaiketako (almuerzo en euskera) en la calle Egaña, un rincón homenaje a la gastronomía sencilla donde predominan los establecimientos de pollos asados. Tomamos algo rápido hasta encontrarnos con nuestra compañía local y ponernos al día, huele tanto a pollo que empezamos a notar hambre ¿Estamos en Bilbao no?

La ciudad está de fiesta, suena música en la calle y Marijaia, muñeco de una mujer con los brazos levantados icono de la semana grande, aparece y desaparece por la ciudad, si no habéis ido a la Aste Nagusia os lo recomiendo. Es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO y un ejemplo de compromiso popular. Cruzando la plaza Campuzano llegamos a la primera parada de nuestro viaje, el Gure Kabi, un moderno local que ofrece durante la semana grande contundentes menús especiales.

Los entrantes se componen de embutidos ibéricos, langostinos a la plancha, micuit y sopa de marisco. Para ese momento nos hemos bajado entre los comensales dos botellas de Txakoli y los calores anuncian la llegada de los segundos. Tenemos entrecot, solomillo de ternera, bacalao al pil pil y chipirones en su tinta. Elegimos variado entre los presentes y pedimos la tercera botella del refrescante vino autóctono. Para terminar, un surtido de tartas decora el centro de la mesa mientras los comensales tratamos de hacer hueco. Definitivamente, estamos en Bilbao. Autobús a casa a dormir.

Tras la merecida siesta nos lanzamos a conocer el Arenal, espacio junto al teatro Arriaga donde se instalan durante las fiestas unas casetas de varios metros de altura,  el kalimotxo es la bebida estrella. Disfrutamos tres variedades de este brebaje en diferentes barras y nos vamos a descansar, mañana sigue nuestra ruta.

Fiestas de bilbao

Echando kalimotxos en la txozna de la comparsa okupa Komantxe con la familia.

Cantabria, oasis gastronómico marinero.

Antes de abandonar Bizkaia por la margen izquierda  del río Nervión, por donde sigue la N-634, nos desviamos para disfrutar de Zierbena, un pueblo pesquero escondido a las faldas de la comarca minera, allí, en el Restaurante El Marinero nos dejamos cuidar con dos nécoras a la parrilla. Atención a las diferentes ofertas publicadas en las paredes, si eres de los que te cuesta elegir, en este sitio te hacen el menú. Recomendable que echéis un vistazo al resto de la carta, marisco fresco cocinado con cariño y una terraza con mesas de madera y vistas al puerto. Buenos precios. Un plan perfecto con parking cercano y aún no muy lleno, vas a encontrar principalmente lugareños y ciclistas. Cuidado con los ciclistas, por cierto. Estaban ahí antes que nosotros.

Entramos en tierras cántabras y el verde comienza a adquirir nuevas tonalidades. Pasamos por la localidad de Islares y recorremos varios kilómetros rodeando la ensenada de Oriñón para disfrutar las vistas desde la punta de Sonabia. Simplemente increíbles. El acceso es atravesando el pueblo y hay una calle muy estrecha en la que sólo cabe un coche. Si lo dejas fuera del pueblo, mejor.

Nacional 634 por Cantbria

Puntal de Sonabia, pasando Oriñón.

Seguimos por la nacional cruzando varias localidades, ríos, puticlubs y casas de indianos para llegar a la próxima parada de nuestro viaje, un lugar donde las anchoas cobran un especial protagonismo, Santoña.

En el puerto, junto a una de las plazas de toros más curiosas que veréis nunca, se encuentra un restaurante de pescado de primer nivel, el Asador Casa Emilia. Gente joven y espabilada despachando un comedor de largas mesas en las que adolescentes del pueblo, trabajadores de la zona y turistas llegados de todas partes compartimos nuestra pasión por la comida. Un lugar de esos que ya no se encuentran y a precios asequibles. Probamos un poco de todo, langostinos, anchoas, navajas, ensalada de ventresca, mejillones y pimientos del piquillo rellenos. Cada cosa superaba la otra. Acompañamos la comida con un par de tercios de cerveza.

Tras el café nos pasamos por la plaza de toros donde nos encontramos al amable hombre que cuida el lugar, pregúntale los secretos y leyendas de la plaza, todavía queda gente apasionante.

Decidimos pasar la tarde en Cantabria y visitar más sitios al día siguiente, reservamos plaza para pasar la noche en el camping de Suances. Muy barato pero de instalaciones sencillas, por no decir escasas. Muy educados en el trato, eso sí. Es importante que sepáis que a partir de las 12 de la noche hasta las 7 de la mañana no se puede meter el coche en las instalaciones. Os recomiendo revisar otros lugares más enfocados a gente que viaja por carretera, hay abundantes moteles y albergues de peregrinos en la misma carretera nacional por lo que no os costará encontrar un buen lugar donde pasar la noche, yo es que soy muy campestre. Los camping de Comillas y San Vicente de la Barquera tenían buena pinta. Gastronómicamente hablando no hay mucho que contar. Intentamos encontrar algo para cenar por la zona pero estába todo cerrado o cerrando, igual fuimos un mal día.

Segunda jornada con tiempo variable

A la mañana siguiente visitamos el faro de Suances y los aledaños bajo una intermitente lluvia, el norte es así y quejarte del tiempo no te servirá, es parte del encanto. Dejamos a cada lado del faro las diferentes playas de la localidad conocidas como La Concha y Los Locos. La verdad es que el sitio me recuerda un poco a Formentera, lástima la lluvia.

Faro de sonabia por la carretera

Faro de Suances desde la carretera

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Vistas desde el Faro de Suances

Empezamos a notar el frío así que partimos a nuestro próximo destino, Santander, para lo que nos incorporamos a la A-67. Allí recorremos el paseo marítimo hasta el Sardinero. Para aparcar, mejor por la zona del puerto, aunque también hay estacionamiento regulado está menos saturado. Por fin ha salido el sol. Nos pasamos por la oficina de turismo de la calle jardines de Pereda, donde unas alegres y profesionales agentes satisfacen nuestro frikismo por los mapas, ¡Gracias chicas!

Santander es impresionante, un poco pijo quizás, pero impresionante. Nos deslizamos entre palacios de indianos y orihundos, olemos el mar y topamos en nuestro camino con la estatua de José del Rio Sainz, conocido coloquialmente como Pick o el poeta del mar. Un santanderino que fue elegido miembro de honor del Ateneo de Santander en 1925. Uno de esos hombres que fumaba en pipa. Yo aprovecho para hacerme una foto. Cerca tenéis la Real Sociedad de Tenis de la Magdalena y la conocida como playa del dromedario.

estatua del poeta del mar en Santander

Estatua de Pick, conocido como El Poeta del Mar, en Santander.

En nuestro paseo hemos tomado un par de buenos pinchos en La Bocana, un lugar pegado al mar que merece la pena que probéis. La zona del Sardinero donde también tomamos algo nos pareció cara y sin mucha oferta, nos quedamos un poco desilusionados así que pasamos por la tienda gastronómica de la plaza para hacernos con una cerveza artesana marca La Cierva, realmente deliciosa, cogemos también unas tejas de hojaldre que levantan nuestra dopamina después del fallido intento de picoteo. Ya estamos preparados para afrontar la tarde.

Paseo marítimo de Santander

Paseo marítimo de Santander

Ría de Santander con barcos al fondo

Ría de Santander con barcos al fondo

Monjes, bígaros y el escudo del Athletic.

Volvemos a la nacional dejando atrás Torrelavega y Cabezón de la Sal, así como varios controles de la Guardia Civil… como por arte de magia, una iglesia neogótica pintada de color rojo nos saluda entre montañas. Estamos en la localidad de Cóbreces, un diminuto pueblo de carretera con dos atractivos turísticos de nivel, ambos de inspiración neogótica, la iglesia de San Pedro y la abadía trapense de Santa María de Viaceli. Uno de los monjes de retiro, que nos adivina perdidos, se ofrece a contarnos las diferentes aventuras del lugar, al parecer, si lo pides con tiempo puedes pasar la noche en el edificio, eso sí… mucho silencio. Os dejo unas fotos del lugar.

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Torres de la iglesia de Cóbreces

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Monje trapense que nos explicó la historia de la Abadía

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Vista de la abadía de Cóbreces desde la N-634

Volvemos a la carretera hasta nuestra siguiente parada, Comillas, puerto pesquero conocido entre otras cosas por aparecer en la película Primos (Daniel Sánchez Arévalo, 2011) Os recomiendo visitar el cementerio, ubicado en una de las colinas frente a la costa y que complementa el misterio del lugar con unas vistas que quitan el aliento, a la salida podéis ir caminando hasta la Punta de la Moira, desde donde podréis disfrutar el atardecer. Por la noche caminamos hasta una tasca de esas que merecen la pena. Lo supe desde que vi dentro el escudo del Athletic. Unos aguerridos taberneros nos ofrecieron conversación, bebida y comida en la taberna del muelle. Bígaros, gambas a la plancha, rabas y pulpo, todo muy bueno y perfectamente marinado con una Estrella Galicia. Precios económicos y terraza que huele a red y madera con sal. Yo ya no sé ni donde estoy, menos mal que no conduzco.

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Cementerio de Comillas

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Palacio escondido entre la naturaleza

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Atardecer desde un mirador junto al mar.

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Bar El Muelle en el puerto de Comillas

La última noche en el camping nos devuelve a la nacional, pasamos primero por San Vicente de la Barquera, pueblo natal del conocido cantante David Bustamante y parada obligada para peregrinos. Especial mención merecen las vistas desde la iglesia románica situada en lo alto del pueblo.

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Marismas de San Vicente de la barquera

Es el momento de adentrarse en Asturias y el entorno vuelve a cambiar la paleta. Los azules cobran fuerza y los verdes suben mucho, demasiado, hasta por encima de las nubes que juegan con el sol. Atravesamos Llanes donde la nacional desaparece y nos obliga a serpentear por las comarcales, si cabe, todavía más magia y curvas. Subimos y bajamos un puerto cercano para llegar a nuestro último refugio, una casa rural conocida como La Montaña Mágica.

El acceso es tan complicado como asombroso, no aceleres demasiado, encontrarás numerosas vacas, un puente romano y campesinos. La Montaña Mágica es un refugio natural, varias casas de aldea reformadas al detalle (algunas habitaciones cuentan con bañera de hidromasaje)  comida casera y un trato cercano y amable. Si das un paseo por las inmediaciones del lugar encontrarás ovejas, caballos y otros animales salvajes pastando libremente a la sombra de los montes que rodean el valle. Un retiro perfecto para la última noche de vuestro viaje por carretera, aparcamiento incluido en precio.

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Picos de Europa por carretera

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Caballos salvajes en Asturias

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Vistas desde la casa rural.

Una vez instalados partimos a nuestra última cena, la que probamos en Llanes junto al puerto, en el Restaurante La Marina. Especialistas en zamburiñas y percebes, todo regado con nuestra primera botella de sidra. Aprovechamos para revisar los mapas que nos han dado en Santander y organizar nuestro último día, previamente, hemos visitado la localidad pasando por el faro y los cubos de la memoria, estampas inmortales de esta localidad pesquera.

Sidra y percebes en Llanes

Sidra y percebes en Llanes

Vista del faro de Llanes

Vista del faro de Llanes con las montañas al fondo

Destino Reconquista

A la mañana ponemos rumbo a nuestras dos últimas paradas, seguimos por comarcales entre los picos de Europa para adentrarnos hasta Covadonga, donde Pelayo, según cuenta la leyenda, espantó con 300 soldados a un ejército de 180,000 moros gracias a ocupar posiciones estratégicas en las montañas, dando así comienzo a la reconquista. Ya sabéis que las historias las cuentan los vencedores, seguro que no eran tantos moros. En cualquier caso, es bonito de visitar, hay una pequeña ermita dentro de una cueva y el lugar parece una estampa del señor de los anillos. Tenéis varios parking gratuitos en la carretera que lleva hasta Covadonga. Es mejor que meter el coche hasta arriba. Empezamos a pensar en cachopo.

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Vistas de Covadonga desde la carretera.

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Estatua de Don Pelayo en Covadonga.

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Puente Romano en Cangas de Onís

Así es, la última y tengo que decir, más deseada parada del viaje la realizamos a orillas del Sella en la localidad de Cangas de Onís, que fuera capital tras la reconquista del reino Astur y actualmente capital del buen cachopo. Lo podrás comprobar en La Sifonería, en pleno centro urbano de la localidad. Probad también las croquetas de cabrales caseras y regadlo con sidra local, siempre que no seáis quien conduzca, claro 😉

Cachopo con sidra en La Sifonería

Cachopo con sidra en La Sifonería

Salimos de las comarcales desde Cangas de Onís y nos volvemos a unir a la Autovía para iniciar el camino de vuelta.

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