Dos días en Viñales, ruta por la naturaleza y la selva.

Los dos días en Viñales fueron una de las mejores partes de nuestro viaje por Cuba en 10 días. Situado en la comarca de Pinar del Río, este núcleo rural te sorprenderá por su carácter abierto y su entorno lleno de naturaleza. Además, Pinar del Río es la tierra del tabaco.

Dos días en Viñales

Llegamos hasta Viñales por carretera, negociando un taxi compartido en la estación de autobuses de La Habana.

En aquel viejo Peugeot viajábamos 5 personas, nosotros, una pareja de franceses y el conductor. 

Los franceses apenas hablaban español así que pasamos la mayor parte del viaje haciendo de traductores. Ayudándoles a confeccionar un diccionario básico. Pobres (pensamos) conscientes de que el truco para pagar menos era, precisamente, que ellos estaban pagando de más por aquel trayecto.

Cambiarían las tornas más adelante.

En total fueron unas 4 horas por carretera. La mayor parte transcurrió en línea recta pero al llegar a la comarca de Pinar del Río el entorno comenzó a volverse más selvático y serpenteante. Dejamos a ambos lados plantaciones de tabaco,  cooperativas agrícolas y poblados cuyos habitantes miraban sin ningún disimulo, entre carteles de El Ché repartidos por todas partes.

Primero de dos días en Viñales

Sería la 1 del mediodía cuando entramos en el pueblo y el taxista nos ofreció la casa de un familiar para pasar la noche. Esto nos pasó con casi todos los taxistas.

Habíamos leído que Viñales tenía una buena oferta de casas de hospedaje, pero no quisimos ser groseros con el taxista y aceptamos ver su sitio antes de decidirnos. Una vez allí, la vecina negoció con la que iba a ser nuestra casera y finalmente ofrecieron hospedarnos por un precio de 30 CUC/noche con desayuno a las dos parejas. Aquí salieron ganando los franceses, su habitación molaba más que la nuestra, pero nos pareció tan tirada de precio que aceptamos sin dar muchas vueltas.

Discovering Viñales

El valle de Viñales es conocido por ser uno de los más selváticos y frondosos de la isla. Además de los archiconocidos mogotes (estructuras naturales cubiertas de vegetación) es típico visitar lugares como La Cueva del Indio, el Mural de la Prehistoria o Los Acuáticos. La distancia entre estos atractivos turísticos es contundente y puede llegar a ser una odisea, sobretodo si sólo vas a estar dos días en Viñales.

Extendimos un mapa en la mesa de la casa, con dos niños muy movidos que querían enseñarnos todos sus juguetes alrededor. Primero daríamos una vuelta por el pueblo hasta encontrar algo de comer, después alquilaríamos unas bicicletas e intentaríamos llegar hasta el Mural de la Prehistoria y al caer la noche improvisaríamos buscando algo auténtico. Entre los juguetes, el mapa y el olor a tabaco me empiezo a sentir Ernesto Guevara en plena revolución. Ni rastro de internet entre los juguetes de los críos.

Tras recorrer algunas calles principales con nubarrones muy preocupantes sobre nuestras cabezas nos sentamos en la terraza de Casa XXX, que ofrecía una lista de raciones de comida criolla a un precio bastante aceptable. Arreglaron una mesa y trajeron dos Cristal para empezar. SSSS, la camarera, fue un encanto y nos guió haciendo de nuestra primera comida sentados en la isla una perfecta introducción a la gastronomía local. Tomamos cerdo, cordero y pollo. Todo con arroz, aguacate, plátano y frijoles. Como en Cuba no tienen comida prefabricada todo lo que probamos sabía a casero. Aquella fue una buena experiencia.

El café nos sirvió para cerrar el banquete y comprobar que en ningún sitio esta bebida sabe tan rica como en Cuba. Aromático, intenso, nada amargo y con mucho cuerpo. El trago nos puso en marcha para nuestra ruta en bicicleta por la tarde.

El Mural de la Prehistoria

Las nubes empezaron a llorar a mitad de camino y nos mojó hasta la ropa interior. El chaparrón nos pilló entre malezas y graneros de tabaco. Muy de peli. Después pasó y afrontamos el final de la ruta en bici con una luz de tarde inolvidable. Ya estábamos bautizados.

Entre mogotes que se alzaban a nuestro lado encontramos el camino que dirigía hacia el Mural de la Prehistoria. Diseñado por un discípulo de Diego Rivera y convertido en mito turístico de la zona. El espacio cuenta con terraza, servicios, un buey y varios perros moribundos. Cogimos un mojito y nos tiramos en la hierba, aún mojada, a contemplar el entorno. Es difícil saber si merece la pena. 

Mientras estábamos allí  sacándonos fotos se acercó Ricardo, pero ya hablaremos de él más adelante.

Encontramos el tabaco

Tanto nos había gustado la ruta con la bici que decidimos salirnos del mapa e improvisar por las carreteras comarcales, ahora que por fin el sol brillaba en un atardecer de postal.

Volvimos al pueblo con un perro pegado a nuestras bicis, cruzándonos con personas en chándal haciendo footing. La estampa me sobresaltó. Se me hacía raro pensar que aquellos runners salían de las granjas que se agolpaban en los campos de la zona.

Pero claro, el deporte en Cuba es una cuestión de estado. Allí todo el mundo lo práctica.

Temperance Writers

Nos adentramos por una carretera que dirigía hasta la Cueva del Indio. Queríamos comprobar si estaba lejos para poder regresar al día siguiente. Coincidencias del destino, un cartel anunciando una plantación de tabaco llamó mi atención y decidí husmear. Desde el porche de la finca, un hombre fornido y campechano se ofreció para hacer una visita guiada.

Sólo para vosotros, que habláis español… porque las visitas normales las hace mi hermano que es el que habla inglés.

Allí nos enteramos como se siembran, se recogen, se producen y se comercializan los famosos habanos. Aquél tipo nos contó que 90% de la producción se vende al estado y lo demás se deja para consumo o venta a los turistas. ¡Buena mierda!, pensé. Y me animé a seguirle por la plantación hasta una pequeña caseta donde nos hizo una demostración de cómo se fabrica un puro. Me sugirió que mojase la boquilla en miel y ron antes de encenderlo, empecé a salivar. El sol se escondía entre los mogotes, una manera inmejorable de terminar el primero de nuestros dos días en Viñales.

Tras fumarnos aquello, no sin antes hacernos con un paquete de 25 cigarros, volvimos a nuestras bicis. Los cubanos serán comunistas, pero controlan de marketing que no veas. Sin marca, producto genuino y local. Todo lo que tienen esos puros es esta historia. Todavía me fumo alguno cuando termino un artículo.

La noche de Viñales

Después de una ducha y cenar algo de marisco con arroz en una taberna local decidimos probar una coctelería que tenía buen aspecto. Allí tomamos un daiquiri y un margarita, mientras nos fumábamos uno de los habanos. No éramos los únicos por lo que pronto nos sentimos como en casa. Al cabo de un par de horas, exultantes y agotados, decidimos ir a descansar.

Ricardo y su caballo, segundo día en Viñales

Nosotros llegamos en bicicleta, mojados, el día anterior. Él conducía un carro con un caballo y una pareja de guiris a los que parecía haber llevado hasta allí. En cuanto nos vio supo entender nuestro arraigo a las experiencias auténticas y se ofreció a llevarnos al día siguiente allí donde las plantas y los mosquitos conviven. La Selva.

Si mañana estáis  en la señal a las nueve, os llevo a ver Los Acuáticos.

Ricardo.

Dudamos. Parecía un genio. Los guiris parecían molones y nada ingenuos. Pero desconfiábamos por lo general de comprometernos con nadie a nada. Eran sólo dos días en Viñales y queríamos ir bastante por nuestra cuenta. Le dijimos que “luego” le diríamos algo, que nos encontraríamos por la carretera.

-¡Seguro!- dijo. Y nos dejó en paz.

Pero a la vuelta del mural, mientras nos perseguía aquel perro, ocultos entre la maleza aparecieron Ricardo y su caballo. Yo no daba un duro porque aquel hombre nos esperara, pero me había equivocado. Mejoró la oferta, esta vez era casi irrenunciable. El caballo tenía buen aspecto. No iríamos a La Cueva del Indio, pero Ricardo había prometido meternos en la selva por menos de 10€.

Subida a los acuáticos

Menos mal que habíamos cogido la habitación con desayuno. Pronto, como se hacen las excursiones en Viñales, estábamos listos y despiertos para aquella aventura. Nos llevó por caminos de tierra y nos enseñó como son los poblados al otro lado de los mogotes. Vimos papayas, plataneras, tabaco, caña de azúcar y todas las frutas de las que yo sabía existencia, y alguna más.

Cuando paró el carro dejó el caballo en un lago bebiendo. Nos presentó a unos agricultores y comenzó a andar dirección al monte con ritmo de maniobras militares. Hemos cogido al hiperactivo – pensé, pero me alegré al comprobar que una vez más salvábamos a unos franceses. Cuyo guía para dos días en Viñales aparecía desorientado, cuesta abajo y en dirección contraria. Un minuto después, todos y todas caminábamos en fila detrás de Ricardo, que se había convertido en líder indiscutible de toda la montaña.

Fueron 40 minutos de caminata y sudor nivel quitarse la camiseta y usarla para secarse. Los colores, los olores, los animales, bichos, pájaros y plantas que vi sobrepasaron mis expectativas. Supimos que habíamos llegado a Los Acuáticos cuando, tras una vaca, apareció una plantación de piñas.

¡Piñas! Ahora recuerdo que más abajo he comprado una por medio peso a un agricultor. ¡Es justo lo que necesito!

¿Merece la pena la caminata? Sí claro, mirad las fotos. ¿El mojito? Uno de los 3 mejores de la isla. Le pega estar lleno en temporada alta. 

Sigue leyendo la guía de 10 días en Cuba

Road To Playa Larga